Economía de Oceanía

El giro de la liberalización comercial estratégica de Estados Unidos: oportunidades y desafíos para la economía de Oceanía.

Analizar desde la perspectiva de Oceanía el cambio de política de Estados Unidos hacia la promoción de la liberalización comercial estratégica en la región de Asia-Pacífico, y explorar sus impactos económicos en Australia, Nueva Zelanda y los países insulares del Pacífico, así como el patrón del comercio regional y las tendencias de desarrollo a largo plazo.

Introducción

Cuando la Oficina del Censo de Estados Unidos declaró en 1890 el fin de la frontera occidental, la mirada de los estadounidenses no dejó de dirigirse hacia el oeste: cruzaron el Pacífico y vieron el vasto mercado de Asia. Más de un siglo después, esta región se ha convertido en el centro de gravedad de la economía mundial. En 2025, entre las cinco mayores economías del mundo por PIB nominal, Estados Unidos, China y Japón se encuentran en la región de Asia-Pacífico. Sin embargo, la política comercial estadounidense ha experimentado en los últimos años un giro fundamental: del impulso al libre comercio multilateral ha pasado a aranceles unilaterales y negociaciones transaccionales, una transformación que está afectando profundamente a todo el ecosistema económico regional, incluida Oceanía.

El último informe de la Fundación Estadounidense de Educación Económica (AIER), titulado «Look West, America», señala que el proteccionismo perjudica los intereses económicos y de seguridad de Estados Unidos, y propone un marco de "liberalización comercial estratégica", que aboga por avanzar en la apertura comercial con los países de Asia-Pacífico al tiempo que se reconocen las realidades geopolíticas. Para las economías de Oceanía, ¿qué significa este cambio de orientación política? ¿Cómo pueden Australia, Nueva Zelanda y las naciones insulares del Pacífico defender sus intereses en medio de la creciente competencia entre Estados Unidos y China? Este artículo analizará estas cuestiones desde una perspectiva económica regional.

Antecedentes: la evolución de la política de Estados Unidos en Asia-Pacífico

La presencia económica de Estados Unidos en Asia-Pacífico se remonta al siglo XIX. Siam, que firmó con Estados Unidos su primer tratado asiático en 1833, tenía el comercio como eje central. Tras la Segunda Guerra Mundial, a medida que el centro de gravedad de la economía mundial se desplazaba del Atlántico Norte al Pacífico, los vínculos comerciales de Estados Unidos en la región no dejaron de fortalecerse. En 2011, Obama anunció en el Parlamento australiano que Estados Unidos participaría en los asuntos regionales a largo plazo como "nación del Pacífico", con una política cuyo núcleo era precisamente la combinación de seguridad y liberalización comercial.

Sin embargo, desde 2016, la política comercial de Estados Unidos ha experimentado un cambio drástico. Tres administraciones sucesivas han ido abandonando la práctica de los acuerdos de libre comercio (FTA) y los marcos multilaterales como norma, para recurrir en su lugar a aranceles y barreras no arancelarias, intentando remodelar las relaciones comerciales mediante acuerdos bilaterales. Esta transformación no es un simple ajuste estratégico; también refleja el cuestionamiento generalizado dentro de Estados Unidos al consenso comercial de la posguerra. El informe de la AIER sostiene que esta nueva dimensión política está impulsada tanto por la "nueva derecha" como por la "izquierda progresista", y se basa en la premisa de que la liberalización comercial perjudica a la economía estadounidense, una premisa que es errónea y perjudicial.

Análisis en profundidad: la lógica económica de la liberalización comercial

El informe de la AIER subraya que la liberalización comercial puede acelerar el crecimiento del PIB per cápita. Un estudio muestra que una reducción del 25% en los aranceles sobre bienes de capital o intermedios puede generar un crecimiento económico adicional de 0,75 a 1 punto porcentual en los países que liberalizan en comparación con los que no lo hacen. El análisis del IMF de 2017 también estima que por cada punto porcentual de aumento en la apertura comercial, el ingreso real per cápita aumenta entre un 2% y un 6%. Más importante aún, los beneficios de bienestar derivados del comercio tienen un impacto positivo en los hogares de bajos ingresos que es 4,5 veces mayor que en los hogares de altos ingresos, porque los pobres son más sensibles a los precios.La liberalización eleva los salarios reales al expandir la división transfronteriza del trabajo, mejorar la eficiencia de las empresas y la productividad de los trabajadores. Al mismo tiempo, la competencia extranjera hace que las empresas sean más resilientes y adaptables. Estos argumentos proporcionan una base económica sólida para que Estados Unidos retome la senda del libre comercio.

Sin embargo, el actual giro proteccionista no solo debilita la competitividad de Estados Unidos, sino que también genera incertidumbre para los países de Oceanía que dependen del comercio con Asia-Pacífico.

Impacto regional: oportunidades y desafíos para Oceanía

Australia y Nueva Zelanda: dependencia comercial entre dos fuegos

Como parte de la economía de Asia-Pacífico, el comercio de Australia y Nueva Zelanda con China representa una proporción muy significativa de su comercio exterior total. El cambio de política de Estados Unidos intensifica la complejidad del panorama comercial regional. Por un lado, si Estados Unidos continúa imponiendo aranceles a los productos asiáticos, podría desencadenar una reacción en cadena que perturbe las cadenas de suministro y afecte directamente las exportaciones de recursos y los mercados agrícolas de Australia y Nueva Zelanda. Por otro lado, si Estados Unidos impulsa una liberalización comercial estratégica que reduzca barreras específicas dentro del marco de seguridad, Australia y Nueva Zelanda tendrían la oportunidad de actuar como puente entre Estados Unidos y China, reoptimizando la estructura de sus mercados de exportación.

Australia y Nueva Zelanda tienen profundos vínculos económicos tanto con Estados Unidos como con China. Ambas participan simultáneamente en el Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional (RCEP) y en el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), lo que les otorga el potencial de coordinar normas comerciales en diversos marcos. El informe de AIER recomienda que Estados Unidos alcance acuerdos bilaterales o plurilaterales con los países de Asia-Pacífico, en lugar de depender únicamente de las relaciones de seguridad con sus aliados. Esto brinda a Australia y Nueva Zelanda espacio para profundizar las negociaciones comerciales con Estados Unidos, pero también les exige mantener flexibilidad estratégica a la hora de equilibrar su dependencia del mercado chino.

Países insulares del Pacífico: nuevo foco de la geoeconomía

Para los países insulares del Pacífico como Fiyi, Papúa Nueva Guinea y Samoa, la 'mirada hacia el oeste' de Estados Unidos no es algo nuevo, pero la intensificación de la competencia estratégica les ha traído una mayor atención y más recursos. En los últimos años, China ha invertido cuantiosamente en infraestructura en estos países insulares a través de la 'Iniciativa de la Franja y la Ruta', mientras que Estados Unidos y sus aliados (especialmente Australia y Nueva Zelanda) han fortalecido su participación mediante mecanismos como la 'Asociación del Pacífico'.

La importancia de la liberalización comercial para los países insulares no se limita al comercio de bienes, sino que también atañe al financiamiento del desarrollo y a la resiliencia climática. El informe de AIER señala que la liberalización comercial estratégica debería incluir la reducción de barreras no arancelarias, como normas y requisitos fitosanitarios, lo que tiene un impacto importante en las exportaciones agrícolas y de productos del mar, propias de estos países insulares. Al mismo tiempo, el comercio regional de servicios (como el turismo) y la movilidad laboral también constituyen puntos potenciales de crecimiento para las economías insulares. Si Estados Unidos logra impulsar un marco comercial más inclusivo, contribuirá a que estos países insulares se integren en la cadena de valor de Asia-Pacífico, en lugar de ser meramente peones estratégicos.

Tendencias a largo plazo: Oceanía en los próximos tres, cinco y diez años

De cara a los próximos 3 años, la política comercial de Estados Unidos aún podría encontrarse en un período de vaivén, pero las elecciones de mitad de mandato de 2026 y las elecciones presidenciales de 2028 determinarán su rumbo. Los países de Oceanía deben prepararse para enfrentar la volatilidad a corto plazo, como los impactos arancelarios y la reorganización de las cadenas de suministro.En los próximos cinco años, si Estados Unidos adopta la vía de la «liberalización comercial estratégica», firma nuevos acuerdos de apertura con aliados como Australia y Nueva Zelanda, y establece vínculos económicos más estrechos con el Sudeste Asiático y los países insulares del Pacífico, Oceanía tiene el potencial de convertirse en un centro de alto valor agregado que conecte América del Norte con Asia. La transición energética de Australia (como el hidrógeno), los servicios digitales de Nueva Zelanda y la economía marina de los países insulares podrían atraer más inversiones.

En los próximos diez años, el equilibrio de poder regional será más complejo. El informe de la AIER sostiene que Estados Unidos debería mantener relaciones comerciales predecibles con todos los países de la región (incluida China), en lugar de buscar un desacoplamiento total. Para Oceanía, una Asia-Pacífico multipolar significa opciones más diversas y un mayor poder de negociación, pero también exige fortalecer su propia resiliencia económica y reducir la dependencia de un único mercado.

Conclusión

Si Estados Unidos realmente «mira hacia el Oeste» determinará el futuro del orden económico de Asia-Pacífico. La idea central del informe de la AIER es que el proteccionismo no es la respuesta; solo una liberalización comercial estratégica puede servir simultáneamente a los intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos. Este juicio también aplica a los países de Oceanía. Los países desarrollados, como Australia y Nueva Zelanda, deberían aprovechar sus ventajas institucionales para impulsar la evolución de las reglas comerciales regionales hacia una dirección más abierta y transparente; los países insulares del Pacífico, por su parte, deberían aprovechar las oportunidades que trae la competencia geopolítica para obtener más recursos de desarrollo, evitando al mismo tiempo verse envueltos en conflictos entre las grandes potencias.

El futuro de Oceanía está ligado a la apertura y prosperidad del Pacífico. Cuando Estados Unidos reexamine su política comercial, Oceanía no debería esperar pasivamente, sino dar forma activamente a una agenda económica regional equilibrada, inclusiva y sostenible.

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  1. https://aier.org/article/look-west-americaPrimary

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